Para bien o para mal, desde el lanzamiento del iPad el año pasado, el mundo de la computación ultraportátil ya no es el mismo. Aunque no fue la primera tablet de la historia, sí ha sido la que definió el estándar en interfases más amigables.
Esta innovación, junto con el empuje que han tenido los smartphones, está provocando que el usuario de dispositivos electrónicos asimile una nueva forma de interacción.
Si bien la idea de las pantallas táctiles tiene algún tiempo, la falla siempre había estado en el lado del software, porque se intentaba “adaptar” interfases gráficas diseñadas para utilizarse en equipos de cómputo personal, lo cual irremediablemente siempre había conducido al fracaso a esas iniciativas, expresa Armando Sobrino, especialista en Telecomunicaciones y plataforma Mac (@arsol).
“Dispositivos como el iPhone y iPad vinieron a cimentar este nuevo mercado entre los consumidores ofreciendo una sólida experiencia de uso”.
Y gracias a esos cimientos, decenas de fabricantes de equipos computacionales están trabajando en sus propias versiones de tablets, que por lo general se basan en plataformas Android de Google y Windows.
“Me parece que estas iniciativas carecen de ecosistemas para ofrecer a los usuarios; dudo que alguien vaya a comprar uno de estos dispositivos basado en cuál tiene el procesador más veloz o más memoria instalada; más bien los van a comprar con base a la experiencia de uso, y en ese terreno el ecosistema de Apple no tiene rival, ya que está por delante de lo que cualquier otro fabricante ofrece”.
Luego de una batalla que se antoja larga, debido a la gran oferta disponible, el mercado de las tablets podría quedar en manos de dos sistemas operativos (iOS de Apple y Android de Google), o tal vez tres si se considera el tremendo empuje que podría dar Microsoft a su propia versión de Windows para tablets. Solo el tiempo dará respuestas concretas.
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